12/04/2023
 6 minutos

The Love We Share: de la fascinación cuando era pequeño al tesoro para toda una vida

De Kristian Haagen
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Mi preciado Patek Philippe Nautilus

Preguntarse qué reloj destaca en una colección es habitual. Sin embargo, no es una pregunta tan fácil de responder, sobre todo porque cuando uno colecciona relojes, cada uno de ellos ocupa un lugar especial en su corazón. Este sentimiento lo conozco bien.

Es difícil responder a esta pregunta, del mismo modo que es complejo elegir un reloj y crear así una colección con un solo ejemplar. Es como si le hicieran elegir entre alguno de sus hijos, algo, un tanto desagradable, ya que a nadie le gusta encontrarse en esa tesitura. Sin embargo, cuando mi editor me propuso este reto, decidí no darle muchas vueltas y aceptar el desafío. Pero antes de revelar mi elección, permítanme compartir los relojes sobre los que consideré escribir:

  • Mi Rolex Sea-Dweller ref. 1665 «Double Red» de 1972, aparte de incluir una preciosa esfera tropical, tiene un origen militar, ya que perteneció a un buzo militar que lo utilizó hasta que se dio cuenta del valor del reloj.
  • Mi Rolex GMT-Master ref. 1675 con una impresionante esfera dorada tropical casi burdeos y todavía equipado con el rotor mariposa original.
  • Mi otro Rolex GMT-Master ref. 1675 de 1968 que fue propiedad de mi héroe de la infancia, el periodista, corresponsal de guerra y escritor, Jan Stage. Este, siempre quiso lucir el mismo reloj que sus ídolos, el Che Guevara y Fidel Castro. Por tanto, el reloj elegido por Stage cuando se unió a la inteligencia cubana en 1968 fue el GMT-Master con el ilustre bisel Pepsi.
  • Mi Rolex Daytona ref. 16520 con una maravillosa esfera negra «Patrizzi» de 1999, que compré el año pasado. En aquel momento buscaba un Daytona «estándar» de cinco cifras y se me apareció esta rara alternativa por casualidad.

Sin embargo, el reloj sobre el que he decidido escribir es mi Patek Philippe Nautilus «Jumbo» ref. 3700 de 1976. Elegí este reloj por una razón especial: fue el primer reloj que me llamó la atención cuando era un niño.

Kristian's pick: the Patek Philippe Nautilus “Jumbo” ref. 3700
La elección de Kristian: el Patek Philippe Nautilus «Jumbo» ref. 3700.

Un sueño de la infancia

En los años setenta, las primeras páginas de National Geographic estaban adornadas con anuncios de relojes de marcas de renombre como Rolex, Omega y Patek Philippe. Fue en las páginas de esta legendaria revista de aventuras donde surgió mi fascinación por los relojes.

Me di cuenta de que muchos de los relojes anunciados, sobre todo los deportivos de Rolex, adornaban las muñecas de los alpinistas, submarinistas y exploradores que aparecían en los artículos de la revista. Gracias a esto, los relojes para mí pasaron a ser piezas para héroes que cautivarían mi imaginación como ninguna otra cosa.

Conocí el Patek Philippe Nautilus cuando solo tenía seis años, allá por 1976. Por aquel entonces, este lujoso reloj acababa de hacer su gran debut, aunque en aquel momento yo no fui consciente de lo que significaba eso. En un primer momento, me llamó más la atención la espada que se veía delante del reloj.

A reappearing ad caught the little boy's eye.
Un anuncio recurrente me llamó la atención y dio origen a un sueño.

Cuando tenía seis años, soñaba con ser policía, bombero, soldado o, mejor aún, un valiente caballero. Aquella mano en forma de espada cautivó toda mi atención. Sin embargo, al seguir hojeando las revistas de National Geographic y ver el anuncio repetidamente, mi atención se desvió hacia el reloj en sí, y no pude parar de admirar su revolucionario diseño.

El Nautilus significaba un fuerte contraste respecto a relojes como el Rolex Submariner, el GMT-Master o el Explorer, que con frecuencia adornaban los anuncios de la revista y las muñecas de sus personajes heroicos. En cambio, el Nautilus presentaba un diseño extraordinario, y con el paso del tiempo, sus anuncios pasaban a mostrarse en contextos más atrevidos. Al principio se presentaba con el eslogan: «Uno de los relojes más caros está hecho de acero». Más tarde, apareció en una piscina, con el titular «Hecho a mano». Otro anuncio mostraba a una pareja cogida de la mano, cada uno con un Nautilus, con la leyenda, «Ideal tanto con un traje de neopreno como con un traje de noche», destacando la resistencia al agua (120 m), así como el elegante diseño.

El Nautilus me conmovió de verdad, desde el primer anuncio en 1976 hasta los años ochenta, cuando mi padre decidió no renovar su suscripción a National Geographic.
Después de graduarme en 1989, me trasladé a Londres, y fue entonces cuando vi por primera vez el Nautilus en la muñeca de una persona muy elegante. El reloj me causó una profunda impresión y me recordó que el amor verdadero nunca desaparece. Sin embargo, tuvieron que pasar varios años hasta que finalmente pudiera adquirir un Jumbo Nautilus ref. 3700.

La llamada

No fue hasta 2016 cuando se presentó la oportunidad de adquirir este reloj. Es importante señalar que, para entonces, llevaba una década trabajando en una casa de subastas, donde tuve el privilegio de evaluar numerosos Nautilus. Puse todo el esmero posible al inspeccionar cada uno de ellos, a menudo probándomelos para entender su ajuste y tacto.

Me había acostumbrado a recibir llamadas de particulares en busca de presupuestos debido al puesto que regentaba en la casa de subastas. Sin embargo, mi interés aumentó todavía más cuando un caballero se puso en contacto conmigo a través de mi teléfono particular para hablar de mi afecto por el Nautilus. Esta persona me explicó que poseía un Nautilus Jumbo que ya no usaba. Cuando le pregunté por qué no quería transmitírselo a algún familiar, sus palabras fueron, «A mi hijo no le interesa el reloj» y, además, «No puedo jugar al golf con él».

Then there was a caller with a tempting offer.
Una llamada con una oferta tentadora.

Su historia no estaba fuera de lo común. Había oído relatos similares de clientes de la casa de subastas que querían vender sus preciados relojes. Sin embargo, la conversación dio un giro inesperado cuando sugirió: «Deberías comprar este reloj, Kristian, y pasar a ser el nuevo propietario legítimo de este Nautilus».

Aunque era una sugerencia amistosa, yo me acababa de comprar una casa nueva y le expliqué que no podía permitirme el reloj. Para mi sorpresa, respondió con calma: «Aún no hemos hablado del precio».

Cuando empezamos a hablar sobre el precio, reconoció que probablemente estaba por debajo del valor de mercado, pero insistió en su deseo de que lo adquiriera. El precio era realmente muy inferior al del mercado en aquel momento. También comentó que antes el reloj necesitaba una revisión. Me aseguró que se pondría en contacto conmigo cuando el reloj volviera de Suiza.

A medida que las semanas se convertían en meses, empecé a pensar que aquella oferta era demasiado buena para ser cierta, y acepté que a veces los sueños no se hacen realidad. Entonces, un día, volvió a sonar mi teléfono. El vendedor se presentó, y al principio le confundí con un antiguo compañero de colegio. El Nautilus había vuelto y era hora de cerrar el trato. Me quedé desconcertado, ya que pensaba que esta transacción ya no llegaría a producirse. Pero así fue, estaba a punto de conocer al vendedor y ver su Nautilus por primera vez.

El momento en que vi el Nautilus

La oficina del vendedor estaba situada en el último piso de un edificio antiguo en pleno centro de Copenhague. La habitación estaba poco iluminada, llena de muebles pesados y el ordenador parecía bastante anticuado. Había entrado en una habitación que no se había tocado en años. El vendedor llegó una hora tarde y me ofreció alegremente un café. A pesar de mi negativa inicial, insistió, preguntándome si prefería leche y azúcar. Era su despacho y él dictaba las normas, así que acabé aceptando la taza de café.

Entonces, llegó el momento y puso el reloj sobre la mesa. Lo miré por primera vez: era inconfundiblemente un Patek Philippe. Era un Jumbo ref. 3700 de 1976, y parecía estar en buenas condiciones. El brazalete mostraba signos de desgaste, pero no me preocupaba. Al fin y al cabo, era un Patek Philippe Nautilus Jumbo, totalmente revisado por el fabricante. Sin duda, yo estaba entusiasmado.

Desde que adquirí este extraordinario reloj, mi fascinación por él no ha decaído. Lo llevo con inmenso orgullo y alegría. Debido a su uso frecuente, decidí ponerle un brazalete nuevo al cabo de unos años, ya que el original estaba en mal estado y no quería arriesgarme a perder el reloj.

It's one of the most treasured items in Kristian's collection.
Uno de los objetos más preciados de mi colección.

Aprecio el valor y la rareza del reloj, y entiendo que es un reloj referente para muchos, y yo me incluyo. Este reloj sigue siendo una de las piezas más importantes de mi colección: es un sueño de infancia hecho realidad.

A pesar de que este reloj vale mucho dinero, no podría imaginar desprenderme de él. Seguro que me acompaña hasta el final de mi vida. Fue el primer modelo que despertó mi pasión por los relojes y, por tanto, no me entraría en la cabeza vendérselo ahora a otra persona.


Sobre el autor

Kristian Haagen

Llevo coleccionando relojes desde que tenía unos 20 años. Lo que más me gusta de los relojes antiguos es que suelen tener una historia fascinante o una procedencia interesante. La procedencia hace que un reloj sea mucho más interesante que cualquier reloj nuevo.

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