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Rostros de la industria relojera: Philippe Dufour

Pascal Gehrlein
15.05.2019
Rostros de la industria relojera

 

La industria relojera es diversa, animada y, a su vez, tan familiar que no es difícil encontrar repetidamente a algunas personalidades vinculadas a este mundo. Uno de estos nombres es ciertamente Philippe Dufour. Para muchos, Philippe Dufour encarna al «legendario» maestro relojero: cabello blanco, lupa de relojero y pipa en la boca. Al igual que sus obras de arte, este ha sabido perfilarse desde hace mucho tiempo entre los aficionados a la relojería una imagen culta que trasciende todo lo vulgar. De hecho, gracias a creaciones como «Simplicity» y «Grande et Petite Sonnerie» ha llegado a ser apodado en diversos foros con el calificativo de «El Papa de la relojería».

 

Los inicios

Philippe Dufour nació en 1948 en Le Sentier, en el famoso Valle de Joux. No nos equivocamos si hoy afirmamos que aquí se sitúa el origen de su posterior carrera como relojero. La solitud y el clima de este tranquilo lugar lo convirtieron en un baluarte de la relojería.

En 1967, con tan solo 19 años, Philippe Dufour, empezó a dedicarse a la relojería una vez terminados sus estudios. El primer trabajo que realizó fue en la marca Jaeger-LeCoultre. Este hecho le colocó en una situación ideal para introducirse en este mundo. Más tarde, el joven relojero decidió abandonar su entorno familiar para así iniciar nuevas experiencias fuera del conocido Valle de Joux. Se sintió muy atraído por ciudades como Londres o Frankfurt, e incluso el Caribe. En 1974 pudo añadir dos hitos más a su ya impresionante currículum. Después de su regreso a Suiza, trabajó primero para Gérald Genta y después también para Audemars Piguet. Después de todo este periplo tan completo, probablemente el siguiente paso lógico a realizar era hacer realidad su sueño: tener su propio taller.

 

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En 1978 desarrolló el proyecto. Monsieur Dufour compró un taller y todas las máquinas que necesitaba para poder desplegar toda su creatividad y artesanía. Primero se dedicó a restaurar relojes antiguos, particularmente complejos. Esto hizo mejorar sus habilidades relojeras, a la vez que también le permitió crearse un nombre rápidamente más allá de su círculo. Así pues, su primer movimiento no tardaría mucho en dar a luz. Se trató del Grande Sonnerie, un movimiento complejo que impulsa el reloj cada 15 minutos. Esta misma acción también se puede realizar pulsando un botón. En un principio, este movimiento estuvo ideado como reloj de bolsillo. Por otra parte, sus contactos con los fabricantes y su buena reputación le ayudaron a iniciar su carrera como relojero de forma independiente. Este hecho provocó que Audemars Piguet le encargara cinco de sus movimientos. A pesar de las 2000 horas de trabajo que Dufour dijo haber invertido en el desarrollo de dicho movimiento y, por tanto, en el primer cliente, dicha pieza nunca se puso a la venta haciendo referencia alguna a su nombre.

 

La marca «Philippe Dufour»

Finalmente, en 1992, Philippe Dufour presentó por primera vez su propia marca y su primera obra maestra en Baselworld: el reloj de pulsera «Grande et Petite Sonnerie». Gracias a este trabajo se le concedió directamente una medalla de oro a la innovación técnica. Lo que singulariza las obras de Philippe Dufour son la delicadeza técnica, la perfección y el acabado de los movimientos. Pocos como él presentan este dominio. Relacionado con este tema, en una entrevista con aBlogtoWatch, expresó la importancia del perfeccionismo para poder convertirse en un buen relojero independiente. Además, él es totalmente consciente de que los clientes esperan la perfección absoluta y que, al mismo tiempo, buscan personalidad. Se podría afirmar que esta concepción tan artesanal de los relojes es la que marca la diferencia con los grandes fabricantes. No es, por tanto, casualidad que se inspecciona meticulosamente cada tornillo y cada superficie de sus creaciones. Esto es fundamental ya que un relojero independiente puede perder muy rápidamente su reputación si sus relojes, particularmente complejos y caros, presentan pequeños errores de fabricación. Por otra parte, aunque sus diseños puedan presentar un aire clásico y simple a primera vista, no es menos cierto que la destreza artesanal que esconden supone un gran reto y requiere de gran concentración y resistencia. Un rasgo que, como señala Dufour en la misma entrevista, pocos poseen y que dificulta encontrar un sucesor adecuado para la empresa. Así pues, para producir sus modelos menos complicados, se necesitan entre cuatro y seis semanas. En cambio, el proceso de elaboración de un Grande Sonnerie Minute Repeater puede llegar a abarcar un período de diez meses. La lista de espera para adquirir uno de sus relojes puede incluso ser más larga.

 

 

Los relojes de Philippe Dufour

Asociar el «Simplicity» y el «Grande Sonnerie» con Philippe Dufour es un hecho habitual. El nombre «Simplicity» hace una clara referencia a su diseño tan único, elegante y claro. Si existe una elegancia comparable en otros modelos, serían probablemente los de Lange & Söhne. El «Simplicity» fue lanzado al mercado en el año 2000 y Dufour fabricó aproximadamente unos 200 de sus «relojes para principiantes» elaborados con metales preciosos como el oro rosa, el oro blanco y, por supuesto, el platino. El movimiento fue diseñado por el mismo Dufour. Este hecho demuestra que sabe combinar muchas disciplinas y posee unas habilidades que otros relojeros especializados en parte de la producción no pueden llegar a dominar. El acabado del reloj evidencia, por tanto, que Dofour destaca sobradamente en este arte. Una mirada más detallista al ejemplar revela los diferentes trazos decorativos con su sutil relieve, tales como las Côtes de Genève, «rayas de Ginebra», que se combinan con otros trazos y relieves perfectamente pulidos en el mismo componente del reloj.

 

No es de extrañar, por tanto, que las variantes del «Simplicity» en la casa de subhastas Christie’s hayan alcanzado precios de más de 250 000 $.

 

Hablar del relojero Philippe Dufour implica necesariamente hablar del «Grande et Petite Sonnerie». Así, su versión inicial, presentada en Baselworld en 1992, fue la primera de este tipo. Después de que Dufour en 1982 ya hubiera desarrollado el movimiento para relojes de bolsillo, dicho movimiento tardó todavía diez años más en ser utilizado en los relojes de pulsera. Cada 15 minutos, el latido del reloj se encarga de recordar al usuario que es hora de mirar esa esfera de esmalte elaborada a mano de manera tan impecable. La segunda versión de este reloj de zafiro es para muchos la más fascinante de sus creaciones. Con este reloj, Dufour concede al propietario una visión del maravilloso movimiento desde ambos lados.

 

 

Grandes personajes

Ya sea en las tertulias con los amigos o en cualquier otra situación, el nombre de Philippe Dufour debería de ser siempre recordado. Para nosotros, representa la pasión pura y la ambición de ser el mejor en un determinado ámbito. Superando cualquier desafío. Philippe Dufour estableció hitos técnicos, como el desarrollo del primer reloj de pulsera con la complicación de un «Grande et Petite Sonnerie». Además, también se ha convertido en un personaje genuino que ha sabido mantener esa personalidad romántica que todavía está tan presente en la industria relojera y que toma cierta distancia de las grandes corporaciones, la producción industrial y las grandes campañas de marketing.

 

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De Pascal Gehrlein
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